El Digital de Madrid, 15-agosto-2009
Renée Descartes (1596-1650), el hombre del “Pienso, luego existo", ideó una guía de instrucciones, el Método, para interpretar la realidad a la luz de la razón. Blaise Pascal (1623-1662) fue el Mozart de las matemáticas: con 16 años ya había escrito dos tratados de geometría y, entre sus muchos afanes, proyectó el cálculo mecánico, la viga maestra de las actuales computadoras. Descartes murió en Suecia, adonde fue reclamado para dar clases a la reina Cristina. Dicen que un catarro brutal se lo llevó a la tumba. Pascal sólo tenía 39 años cuando falleció en París entre terribles dolores de estómago y de cabeza, el remate a una mala salud que arrastró toda su vida. “Que Dios nunca me abandone", dicen que fueron sus últimas palabras.

El Mundo, 13-Agosto-2009

Flotats: 'Los actores somos los vampiros del autor'
- Abre la temporada teatral con 'El encuentro entre Descartes y Pascal joven'
- La obra de Brisville recrea la conversación entre los dos pensadores
Agosto no ha llegado a la mitad, pero la temporada teatral comienza ya. Convencido de que "Madrid tiene que tener teatro de texto todo el año", Josep Maria Flotats levanta el telón escénico hoy con el reestreno de 'El encuentro de Descartes con Pascal joven' en el Teatro Infanta Isabel.
La función de esta noche supone el reencuentro del actor catalán y la obra de Jean Claude Brisville con el público madrileño tras su estreno a finales del mes de enero. Entonces Flotats, también director del montaje y al que acompaña en la escena Albert Triola, estuvo apenas un mes en el Teatro Español con el aforo lleno, lo que impidió a muchos aficionados al teatro que no pudieran ver el segundo trabajo del intérprete con el autor francés, tras 'La cena' de hace cuatro años.
"Es una 'delicatessen' para todos los paladares, todo el mundo encuentra placer"
Flotats espera atraer a esos espectadores ahora. Para hacerlo confía en la "actualidad y belleza del texto" que confronta al padre del cartesianismo con un joven apasionado, filósofo y matemático que había creado la asombrosa máquina aritmética.
El encuentro entre ambos existió, pero no se sabe de lo que hablaron "los dos más brillantes pensadores del siglo XVII". Fueron cinco horas de charla en un convento parisino sin testigos o notas conocidas que permitan alumbrar la conversación. Brisville ha recurrido a la correspondencia posterior que mantuvieron Pascal y Descartes con diferentes personajes para recrear el diálogo. En el caso del primero, el autor se ha fijado en las cartas dirigidas a sus padres, mientras que en el del segundo, la base es el correo que sostuvo con varias reinas europeas.
De los escritos de los dos nace un diálogo entre opuestos. Descartes es "el sabio que está al final de su vida, la experiencia y la razón por encima de todo". Pascal, al contrario, es "el joven reconocido, pero sin publicar aún, que está en plena crisis mística que le lleva a cambiar el catolicismo por el jansenismo". Pero a los que une la admiración de uno por el otro y las ganas de conocer lo que piensa su contertulio sobre muchos temas.
Así debaten sobre asuntos tan importantes y actuales como "la libertad de poder expresar lo que se piensa sin, como dice Descartes en la obra, tener que temblar o la separación entre Estado e Iglesia". Y todo, según Flotats, sin grandes abstracciones que obliguen a ser un erudito para seguir el texto de Brisville.
"Es una 'delicatessen' para todos los paladares, todo el mundo encuentra placer", remarca el actor. "Durante la gira que hemos hecho por España nos hemos encontrado con espectadores de niveles distintos que han disfrutado cada uno a su manera, desde el que conoce a la perfección a los dos pensadores y puede profundizar en lo que dicen hasta el que no tanto, pero disfruta con el humor, la ironía de las réplicas y la brillantez del lenguaje".
Unas características que Flotats compara con los programas que conoció en los pocos canales de televisión que había cuando marchó a Francia y que ahora echa de menos. "No había que ser un gran amante o entendido de la ópera, pero te encontrabas con un diálogo entre, por ejemplo, Vittorio de Sica y Maria Callas y te entusiasmaba". Como espera que ocurra con el encuentro entre Descartes y Pascal que comienza de nuevo en Madrid.
"Es un placer decir el texto, porque los actores somos un poquito los vampiros del autor, que necesitan alimentarse con un buen lenguaje, paladear las palabras", asegura Flotats sobre la obra y sus gustos por el buen teatro de texto. "Porque, como dice Brisville, para hablar como en el metro, ya está el metro, por lo que no es necesario ir a un teatro y pagar una entrada para escucharlo". Pero, claro, tanta belleza y delicadeza tiene el peligro de emborrachar a quien las prueba.
"A veces tenemos que controlarnos porque llegamos a pensar '¡qué bien hablo!, ¡qué bueno soy!, ¡qué inteligente!', cuando no es así. O que somos los auténticos autores, y no lo somos; tan sólo los intermediarios entre el autor y el público, una especie de sacerdote laico que celebra" una función.

Hola, 13-Agosto-2009

La filosofía inunda el teatro con 'El encuentro de Descartes con Pascal joven'
Tan solo se vieron una vez, los dos grandes genios y filósofos del siglo XVII, Descartes y Pascal mantuvieron un encuentro en Francia, sin embargo no existen escritos ni documentos que hayan dejado lugar de esa reunión. Ahora, otro genio, esta vez del teatro, el veterano actor Josep María Flotats ha llevado a las tablas el texto imaginario del dramaturgo francés Jean-Claude Brisville, quien imaginó la conversación de este histórico encuentro. Flotats está brillante en el papel de Descartes y no menos apoteósico está Albert Triola en el papel del joven y apasionado Pascal. La obra permanecerá en cartel hasta el 30 de agosto en el Teatro Infanta Isabel (C/Barquillo, 24).El Mundo, ADN, 11-Agosto-2009
Junto a Albert Triola Flotats vuelve a filosofar a Madrid con 'El encuentro de Descartes con Pascal joven'
- La obra regresa a la capital tras una gira por toda España
- Junto a Albert Triola, da vida a los grandes filósofos del XVII
Los dos filósofos más importantes del siglo XVII, Descartes y Pascal, se encontraron una sola vez, hace 360 años.
No quedaron pruebas testimoniales del encuentro, y el contenido de su conversación es todavía un misterio que ha servido como núcleo de la obra con la que Josep Maria Flotats vuelve a Madrid, en esta ocasión al Teatro Infanta Isabel.
Descartes y Pascal se encontraron el 24 de septiembre de 1647 en el convento parisino de Los Mínimos y hablaron durante horas sin dejar ningún texto como testigo imperecedero.
Esta laguna documental alentó al dramaturgo francés Jean-Claude Brisville, autor de 'La cena' (una entrevista entre Tayllerand y Fouchè), a imaginar el diálogo de los filósofos que tituló 'El encuentro de Descartes con Pascal joven'.
Flotats, que dirige e interpreta la obra junto a Albert Triola, ya estrenó la función en enero en el Teatro Español, con llenos diarios durante el mes que estuvo programada en ese coliseo público, y ahora, tras una gira por España, vuelve a Madrid, donde permanecerá varios meses en el Infanta Isabel.
El actor y director catalán ha definido 'El encuentro' como un "lied 'schubertiano', un pequeño recital de cello y viola", en el que un escenario decorado con "voluntad de desnudez", austeridad y sencillez "casi epicúrea", el protagonista absoluto es "el verbo".
El padre del 'Discurso del Método' es, en 1647, un racionalista de 51 años que ama la vida con pasión, y Pascal (que con 19 puso los cimientos de la primera máquina aritmética de calcular) tiene 24. El joven sólo vive para sus ideas y está inmerso en una profunda crisis mística, decidido a abandonar todos sus trabajos científicos a cambio de la salvación de su alma.
A Descartes, "un delicado pensador", "le subleva" esa obstinación del joven Pascal, atormentado por alcanzar lo absoluto. De la confrontación entre ambos nace "un concierto de cámara" de las ideas, expresadas en lenguaje actual, un diálogo que "no es para doctores en filosofía sino para todo el mundo" porque "fluye con agilidad y actualidad"
El País, 10-Agosto-2009

Flotats: "Es fascinante ver responder al público ante un texto inteligente"
El actor y director regresa con 'El encuentro entre Descartes y Pascal joven'
El encuentro de Descartes con Pascal joven, uno de los títulos mejor recibidos de la temporada 2008/2009, vuelve a representarse en Madrid (teatro Infanta Isabel) a partir del día 12."Es la consecuencia del gran éxito que tuvimos en el teatro Español, donde no pudimos programar más tiempo nuestra estancia, ya que los teatros públicos tienen cerrada su programación con mucho tiempo, pero mucha gente se quedó en la calle sin poder verlo", señala el director y actor Josep Maria Flotats, quien no menciona que el índice de ocupación que tuvieron alcanzó el 100%.
"Cuando se tiene el privilegio y la fortuna de que el público quiera vernos, nos debemos a él, finalmente es para quien trabajamos", apunta. El hecho es que este montaje, programado en origen en un teatro público, donde se estrenó el pasado mes de enero, ha sido rescatado en la misma ciudad por el teatro privado, algo realmente infrecuente y que la profesión reclama. No sólo con coproducciones o producciones privadas, sino también con los espectáculos que emanan de los presupuestos del erario público y que muchas veces hay que despedir para siempre cuando aún existen espectadores con ganas de verlo y posibilidades de explotación.
Para Flotats este espectáculo supone su segunda incursión en un texto de Jean-Claude Brisville (1922), un dramaturgo francés, reconocido como editor y cuyo teatro siempre tiene como base un fondo dramático ocupado por personajes de la historia, la literatura y el pensamiento. En los dos montajes que Flotats ha producido, dirigido y protagonizado de este autor, el argumento partía de encuentros y confrontaciones de los que históricamente no se sabía nada, aunque se produjeron.
Primero fueron Talleyrand y Fouché en La cena. Allí se desgranaba la relación del "vicio apoyado en el brazo del crimen". Ahora son Descartes y Pascal, los dos filósofos más importantes de su siglo. Se sabe que sólo estuvieron juntos una vez, pero nunca trascendió nada de aquel encuentro porque ambos guardaron un misterioso silencio que tres siglos después ha tratado de desvelar Brisville.
"Entre ambas obras el paralelismo es grande, se parte de un hecho real, que Brisville imagina y recrea maravillosamente", señala el actor quien aclara otros aspectos de estas obras. "En La cena hay un diálogo en primer grado en el que se trata del intercambio de cromos entre dos políticos para mantenerse en el poder. Un juego divertido, ácido, feroz, contundente y muy contemporáneo; mientras que en El encuentro..., aunque también hablan de política, Descartes y Pascal no quieren el poder, son dos intelectuales preocupados por su siglo y lo que pasaba en torno a la ética, la moral, la cultura, la Iglesia, los poderes, la monarquía, la reforma y contrarreforma. Es un texto austero, con un alto nivel de lenguaje, al tiempo que sencillo y entretenido; un diálogo que hace que la gente se identifique en diferentes momentos con uno y con otro; hay muchas posibles lecturas y además no está exento de humor, de hecho, las réplicas que hay entre ellos están plagadas de ironías e incluso socarronerías", comenta Flotats, quien tuvo como partenaire en La cena a Carmelo Gómez y ahora a Albert Triola. "Hace un Pascal magnífico y es un compañero excepcional", afirma.
El título de la obra provocó reticencias entre ciertos espectadores que viven el teatro como una fuente de diversión superficial. "Puede asustar a algunos espectadores. De hecho, yo esperaba que el montaje sería paladeado por un público minoritario, algo así como pasa con la música de cámara y la música sinfónica. Fui el primer sorprendido, no esperaba el éxito extraordinario que ha tenido; la gente que piensa que no va a entenderlo se equivoca".
Flotats no oculta que el interés suscitado le encanta. "En momentos de horas bajas uno tiende a pensar que la vulgaridad se está instalando por muchos ámbitos, que la tontería es aplaudida y está en su cima más alta, que el público se conforma con la baja calidad, pero de repente ver cómo los espectadores reaccionan así ante un texto inteligente de alto nivel es realmente satisfactorio", y añade: "Además hemos contado con un traductor que ha mantenido ese lenguaje culto, al tiempo que lo ha hecho magistralmente accesible a todos". Flotats se muestra encantado de que guste, interesa y cautive un teatro sin palabras soeces, sin destapes, ni músicas bailables.
A lo largo de su larga trayectoria Flotats ha trabajado para grandes teatros europeos y llegó a ser primer actor de la Comédie-Française en París. Pero tras su vuelta a España ha tratado de dar a conocer, tanto en el Teatro Poliorama como en el Teatro Nacional de Cataluña, que fundó, títulos poco o nada convencionales. Tras instalarse en Madrid la década pasada y montar aquí su propia productora ha seguido con la misma tónica y se ha arriesgado con obras difíciles, como París 1940 o estos dos textos de Brisville. Incluso se puede decir que el riesgo también existió con Arte, de Yasmina Reza, de la que no se sabía nada en España y que Flotats convirtió en uno de los acontecimientos teatrales más importantes de las últimas décadas.
"Dentro de mis planteamientos siempre está servir los textos que me entusiasman y me enamoran y que yo mismo querría ver encima de un escenario. Pongo en pie obras que considero de gran valor y no me pregunto si van a gustar o no. Por encima de eso está el placer y la libertad de comunicar los textos que me conmueven". El director añade que no quiere prescindir del placer de interpretarlos y comprobar si gustan o no: "Pero no hay intención de buscar originalidad ni acercarme a un teatro minoritario; únicamente pongo por delante que me gusten".
Después de convivir tanto tiempo dentro del pellejo de Descartes es inevitable preguntar cómo se lleva con él. "Si estuviera en el diván de mi psicoanalista, le confesaría que años atrás tenía algo de pascaliano. Me atraía esa actitud de que todo es blanco o negro, pero los años, además de arrugas, dan templanza y ahora soy más cartesiano, pero estoy contento porque el acercamiento es habiendo sido antes pascaliano... Todos hemos sido adolescentes".
El montaje es posible que permanezca algunos meses en cartel y que haya una nueva gira con él en 2010. En el horizonte Flotats tiene proyectos que no hay manera que comente. Lo que sí acaricia es la idea de montar la versión castellana de su espectáculo Stalin, basado en una novela del francés Marc Dugain. "Pero aún tiene que pasar un tiempo para olvidar la memoria y la mecanización en catalán para abordarlo en castellano".
La Razón, 24-Julio-2009

Josep Maria Flotats: «Lo de''prohibido prohibir'' de mayo del 68 es mentira»
Aaunque lo ha sido todo en el teatro, no ha perdido un ápice de su pasión por la escena. Tras el éxito en el Español, el próximo 12 de agosto Josep Maria Flotats reestrena en el Infanta Isabel «El encuentro entre Descartes y Pascal joven». Una clase de filosofía para todos los públicos.
-Se le está poniendo cara de Descartes.
-¿Verdad? Para la escena va bien, pero para ir en metro... Creo que parezco un hippie reciclado.
-Después de ver su obra, dicen que el público sale más listo, ¿piensa patentarlo?
-Pero eso lo dicen ellos mismos. Tienen la sensación de salir más leídos, más versados. Que han subido un peldaño hacia el «homo sapiens» ¿No es precioso?
-Y eso que el título, a priori, espanta un poco: «El encuentro de Descartes con Pascal joven».
-Pero si te dicen que sólo se vieron una vez en la vida, durante cinco horas, en un convento y que no hay rastro literario, ni correspondencia posterior de lo que allí sucedió... ¿A que te interesa?
-Me imagino que se produciría una guerra de egos.
-Yo creo que no. No pudo haber guerra de vanidades entre dos genios, dos mentes privilegiadas. Cuando la inteligencia está a ese nivel, se sabe contextualizar. La bondad es un tipo de inteligencia.
-Y Pascal tenía 24 años y Descartes 51.
-Y Pascal no había publicado nada mientras que Descartes lo había publicado todo. Pascal a los 16 años había inventado su famosa máquina aritmética, el antecesor de nuestros PC... Ambos tenían una visión opuesta del mundo. Eran una especie hoy en extinción, dos hombres de bien.
-¿E intentan convencerse el uno al otro?
-Pero con diálogo, concepto hoy perdido. Se escuchan y dialogan... ¡fíjate qué revolución!
-¿Usted ha pasado alguna crisis de fe, como el joven Pascal?
-No. Fui educado católicamente con los maristas franceses, que eran muy abiertos, muy poco tremendistas y oscurantistas.
-Dicen que es un pesimista ilustrado.
-Yo diría que un pesimista activo. Y ejerzo. Pongo un pie delante de otro, aunque probablemente no sirva de nada. Soy tozudo. Sigo adelante. A pesar de las crisis y las depresiones.
-Pla decía que tener que escuchar era de pobres, ¿qué le parece?
-Adoro a Pla y siempre tiene una cita para cada cosa. Pero no escuchar es de tontos, de necios.
-¿Nos estamos volviendo demasiado pastoriles?
-Sí. Porque la sociedad civil se ha aburguesado. Ha conquistado un nivel de confort al que no quiere renunciar y por eso está dispuesta a pagar el precio que sea, incluso el de la tibieza.
-Pues en las Escrituras se dice: «A los tibios les vomitaré de mi boca».
-Pues a mucha gente le da igual. El temor a perder su estatus les lleva a no hacer ruido, a callarse. Aunque mi lado pesimista piensa: ¿hablar sirve de algo? De vez en cuando, en algún medio, oímos voces brillantes y comprometidas que dicen lo que hay que decir. Uno cree que se ha levantado la veda de la mediocridad y luego... ¡no pasa nada, todo sigue igual!
-A lo mejor los que tienen que pensar no están en plenas facultades...
-Hay muy pocas mentes lúcidas. Pero los pocos que piensan, no sirve de nada. El poder les utiliza para que todos veamos que somos una sociedad profundamente democrática. ¡Mentira!
-El comunismo es una enfermedad senil y el capitalismo se ha autodevorado... ¿A dónde vamos?
-Habrá que pensar nuevas maneras de gobernarnos. No te olvides que somos igual de egoístas que hace siglos, pero más letales.
-Los partidos de izquierdas toman medidas de derechas y los de derechas medidas intervensionistas de izquierdas. ¡Esto es un caos!
-Es que unos se dicen de izquierdas y otros de derechas pero todos gobiernan al centro.
-¿Dónde está Rajoy?
-En el centro, con el PSOE.
-Y usted que conoce tan bien Francia, ¿qué le parece la gestión de Sarkozy?
-En algunos puntos estupenda: la declaración sobre el velo islámico y que sólo atañe a la libertad individual de las mujeres, escorando la religión, me emocionó. El burka es una prisión ambulante. Yo lo prohibiría... Aquello de mayo del 68 de «prohibido prohibir» es mentira. Un cachete de vez en cuando es muy pedagógico.
-Hablaba antes de valores. ¿No es un concepto que hemos devaluado?
-Pues sí, pero lo que más me ofende en la calle es la falta de urbanidad, aunque parezca una bobada.
-Lo decía Urrutia en su canción «Caray».
-Es que si desaparece la urbanidad, desaparece todo. Yo hago militancia: abro una puerta y les dejo pasar. Cuando veo que no me dan las gracias, digo con voz de teatro: «No soy el portero, hay que dar las gracias».
-Como el cuento zen: predica para que no le convenzan.
-¡Es que es una ley de mínimos! Aunque me vean como un loco.... o un antiguo.
-Un actor debe ser...
-Una persona física y mentalmente muy equilibrada. Nada de locuras como cuentan las leyendas, ni confundir la gimnasia con la magnesia. Frecuentar personajes distintos no te puede hacer perder el norte.
-En «París 1940» ya se metió en diseñar el vestuario, y en esta obra, también. ¿Frecuenta desfiles?
-En París he ido millones de veces y aquí he ido a ver a Devota & Lomba, que hicieron los trajes de «Arte». Me fascina ver las cosas de alta creación.
-Y al fútbol, ¿ha ido alguna vez?
-Sólo he ido una vez y porque sabía que sólo yo ganaría el partido: era el Barça contra el París Saint Germain. Son mis dos ciudades y cualquiera de las dos victorias me emocionaría.
-¿Pero le gusta el fútbol?
-Lo miro de vez en cuando, porque no puedes no estar al corriente de lo que pasa, aunque no lo quieras. ¡Y eso me parece una invasión en la vida privada! Hace un año salieron unas cifras que no han trascendido: el teatro en Madrid había recaudado más dinero que los tres campos de fútbol juntos. ¿Quién se enteró?
-¿Hablamos de cocina deconstruida?
-La alta y gran cocina me gusta, pero prefiero que sea tradicional. Estoy encantado de investigar pero cuando me dan un poquito de algo rico y pido un plato entero de eso, no me lo dan. Me pasan a otra cosa pequeñita de otro sabor.
-¿En qué lecturas anda enredado?
-Ahora voy a atacar «Cosmos y Psique» de Tarnas, que me recomendó Carmen Calvo cuando era ministra y fue a ver la obra.
-Dicen que es el Belmonte de la escena.
-No lo creo. ¿El más grande? Además, con los toros tengo un amor de ir y venir: me gustan, no me gustan, me vuelven a gustar...
-¿Qué le falta hacer?
-Hay un Fausto que me ronda la cabeza... Un Ricardo III.... Todavía no estoy con el peso y la edad, pero me gustaría hacer de Rey Lear...
Vestido con el espíritu de Descartes
Josep Maria Flotats no necesita diapasón alguno para llevar su osamenta perfectamente afinada. Alto, guapo, de distinguidos ademanes y vestido de un blanco impoluto con sello Armani en el reverso, te mece con su voz de tenor sabiamente entrenada. Frente a un café americano –y con sacarina–, se muestra como debe ser aunque nadie le vea: lúcido, cortés, entrañable, sensato... E imbuido del espíritu de Descartes, con quien comparte, amén de flequillo, sabiduría milenaria. Una mañana de domingo con él es la mejor de las sopas que puedan calentar el espíritu.
XL Semanal, 12-Julio-2009
«Pensar libremente siempre ha sido peligroso»
A los 70 años, cuelga el cartel de «No hay billetes» por donde pasa. Y no parece dispuesto a su retirada. Es más, el actor y director catalán mantiene tal hiperactividad sobre un escenario que resulta obligado pagar por verlo. Recala ahora con su última obra en Madrid; motivo por el cual charlamos con él sobre lo divino, lo humano y lo metafísico.Dicen que la crisis no se ceba con el teatro, muy al contrario; este oficio, tan quejumbroso siempre, vive uno de sus mejores momentos. Pero el éxito de José María Flotats –Arte; París, 1940; La cena; Stalin– no es coyuntural. Este monstruo de la escena lleva más de una década colgando el cartel de «No hay entradas para la función de esta noche». No es casualidad. Su última obra, El encuentro entre Descartes y Pascal joven –de la que es director, productor, escenógrafo y actor–, ha llenado, entre otros, los teatros de Madrid, Vitoria, Pamplona, Bilbao, San Sebastián, Málaga, Logroño, Salamanca, Alicante, Valencia, Huelva, Mallorca y un largo etcétera. Ahora, tras su reciente participación en el Festival de Almagro, interrumpe su gira para regresar a los escenarios de Madrid (teatro Infanta Isabel) el próximo 12 de agosto.
XLSemanal. ¿Cómo ha ido la gira?
José María Flotats. ¡Fenomenal! Tanto de público como de crítica, estoy encantado de la vida. Tengo la suerte de que esta obra ha gustado mucho en todas partes. Toco madera.
XL. Si fuera usted mujer, diría que es la auténtica dama del teatro.
J.M.F. Me dicen que soy un monstruo de la escena y me encanta que lo digan, pero no me lo creo.
XL. Regresa a Madrid hasta Navidad, pero continuará de gira el próximo año.
J.M.F. Sí, estamos cerrando ya fechas para 2010, porque nos queda Cataluña, Canarias, Extremadura y Andalucía.
XL. ¿En Cataluña, en catalán?
J.M.F. En Cataluña, en castellano y sin ningún problema. Normalidad absoluta.
XL. Pues hay obras en castellano que no encuentran cabida en Cataluña.
J.M.F. Pues a mí no me ha sucedido nunca eso. Yo hice Arte y París, 1940 en castellano y el público llenaba la sala igual que en cualquier otro lugar.
XL. ¿Quién dijo crisis?
J.M.F. ¡Pues nada de crisis! Si me limitase a ver el mundo a través de la obra que estoy haciendo, diría que la crisis no existe. El teatro, en general, está funcionando bien y yo no me puedo quejar, me dicen que llenamos todos los días. Parece que la gente se anima a venir para disfrutar por 20 euros porque mañana no sabemos dónde estaremos.
XL. A estas alturas, ¿su razón le exime de tener razón?
J.M.F. ¡Es fantástica esa frase!, pero ése es Descartes, no Flotats.
XL. Por la correspondencia de ambos, se sabe que Descartes y Pascal tan sólo coincidieron una vez y Brisville ha imaginado cómo debió de ser aquel encuentro. De nuevo pone en escena una obra de texto, de las que hacen pensar.
J.M.F. Gran parte del éxito está en que la gente cuando abandona el teatro se cree más ilustrada, se siente satisfecha de que alguien le haya masticado algo que tenía que haber leído hace tiempo.
XL. Ya que no leen a los clásicos, ¿por lo menos que los escuchen?
J.M.F. Bueno, no sé. Yo creo que, cuando les gusta un texto sobre alguien, luego se animan a comprar algún libro sobre el personaje.
XL. «Para escuchar cómo se habla en el metro no pago una entrada», pero los teatros están llenos de obras facilonas.
J.M.F. Yo a ésas no voy, para oír hablar mal no compro entrada. Brisville dice que para escribir lo que se oye en las telenovelas no se pone a trabajar y yo, tampoco.
XL. En tiempos de crisis parece que apetezca más ir a ver una comedia desenfadada, un musical retro, algo ligero con lo que distraerse un poco.
J.M.F. Habrá de todo, pero en esta obra la gente encuentra una historia que la engancha y la distrae. Hay ironías y dobles sentidos que cogen perfectamente y sonríen a menudo en las réplicas. Algunos han llegado a decir: «Salimos de ver esta obra más inteligentes, hemos subido un peldaño en la calidad del homo sapiens. Hemos asistido a un debate de alto nivel entre dos sabios y lo hemos entendido todo: luego algo hemos aprendido» [se ríe]. Este tipo de teatro provoca debate y la gente, después, repite los argumentos de la obra en la cena del día siguiente.
XL. Ha encontrado la manera de hacer llegar al gran público el discurso cartesiano, «Pienso, luego existo».
J.M.F. Hay una vibración constante de cartesianismo sí; pero también del espíritu. Ese espíritu que hemos abandonado tanto en nuestras sociedades modernas de éxito, dinero y nada más, ¿dónde está? Ahora, la felicidad es el dinero. Este pulso también está presente en la obra con una vibración que me fascina. Es como un lenguaje que no existe.
XL. ¿Cree que logrará despertar conciencias?
J.M.F. Creo que una de las cosas más positivas que vamos a sacar de esta crisis económica mundial y superglobal es que tenemos que empezar a vivir de otra manera. En mi optimismo, creo que florecerá el espíritu frente a esa sociedad loca de consumo que nos permite tener 20 ejemplares de todo en casa y mejor 40 que 60; y en vez de una piscina, cuatro. Esa desproporción quizá se va a terminar y tendremos que empezar a pensar de otra manera.
XL. Propone una involución...
J.M.F. Es que la involución no es una tontería, hay que aprender a vivir con los medios humanos necesarios y dignos y saber que lo importante es otra cosa.
XL. Hay quien asegura que la religiosidad crece por días.
J.M.F. Sin necesidad de entrar en religiones –que cada uno crea en lo que quiera–, hay que volver a la espiritualidad del hombre, que es algo totalmente aparcado.
XL. Descartes se declara católico, porque –aunque ni pone ni quita rey– ayuda a su señor.
J.M.F. Yo creo, por sus escritos, que lo era. Pero también uno se puede preguntar si en el siglo XVII, en el que por levantar el dedo para decir «dudo un poco» te quemaban en la hoguera, se permitía demasiado dudar un segundo. No lo sé.
XL. Usted se declara un sacerdote laico, ¿esto cómo se come?
J.M.F. Pues se come con mucha fe… en el teatro [sonríe]. Al teatro hay que servirlo con pasión y con convicción y amor absoluto.
XL. Descartes y Pascal dialogan y debaten en la obra desde dos mundos que se muestran casi antagónicos. Sorprende el radicalismo absoluto del joven Pascal frente al lúcido escepticismo de Descartes.
J.M.F. Por eso me apasionan a mí estos dos personajes. Lo que me conmueve de esta obra es que, al mismo tiempo, son dos pensadores marginados por la sociedad del momento. Los dos están al límite de la sociedad.
XL. Reconozca que se ha dejado seducir un poquitín por Descartes.
J.M.F. Quizá sí, por mi formación francesa completamente cartesiana; pero yo soy un admirador de Pascal por la obra escrita y me fascina su fe absoluta, su voluntad de `o todo o nada´, que todos hemos tenido en la adolescencia.
XL. Algunos seguimos en eso.
J.M.F. Sí, sí [se ríe y se reconoce], algunos todavía seguimos teniendo esa misma voluntad.
XL. ¿No ha suavizado mucho a Descartes? Lo hemos estudiado menos romántico y sentimental de lo que aparece en la obra.
J.M.F. Es verdad, todos tenemos una imagen suya muy seca y racional; incluso, por su aspecto físico, parece un hombre no muy amable, no muy generoso. Pero dice Brisville que, al leer su enorme correspondencia, se paró en una frase importante que escribió a unos familiares cuando acababa de perder a su hija: «No soy de los que piensan que las lágrimas son cosas sobre mujeres». Ahí se le hizo a Brisville un personaje entrañable y quiso humanizarlo. No lo digo para justificar, lo digo para explicar. Para mí, Descartes tiene una humanidad y una sensatez que me fascinan, un equilibrio emocional que yo no tengo y que me gustaría tener.
XL. Se nota que cree a los personajes que interpreta, ¿no es peligroso?
J.M.F. Yo siempre creo en los personajes que hago y es peligroso, sí, porque algunos me han hecho vivir mal fuera del escenario. Cuando estuve haciendo Stalin, yo vivía mal aquello que tenía que decir. Si haces de asesino, es menos agradable llevarlo encima. Por eso, a mis personajes no les permito nada fuera del escenario que incida en mi mente. Absolutamente nada, no ando con bromas con ellos.
XL. Descartes se ceba con el joven Pascal: «Un hombre de vuestro valor, de vuestra calidad, no debería poner todo su talento al servicio de su espanto». ¿Brisville –o Flotats– nos ha matado a Pascal?
J.M.F. No, en mi manera de dirigir no he querido ser maniqueo ni estar a favor de uno u otro personaje. Brisville escribe ese momento histórico, 1647, a partir de la correspondencia ‘de’ los dos, no ‘entre’ los dos, para construir los personajes. En ese encuentro, Descartes tiene 51 años, es un hombre maduro y reconocido. Y Pascal es un joven prodigio que a los 16 años ya ha construido su máquina aritmética, pero que no ha escrito su obra todavía y que vive un momento de crisis existencial profunda. Yo, José María, tengo un gran cariño por Pascal, no es una crítica, es un momento, un trance...
XL. Se diría que Descartes es la razón y Pascal, el sentimiento de la razón; que uno exige libertad de pensamiento, mientras el otro compromete su fe con el poder absoluto de Luis XIII.
J.M.F. Pensar libremente siempre ha sido peligroso [sonríe]. Yo no entro en el compromiso de cada uno, pero los dos son hombres de bien, profundamente honestos y eso es lo que a mí me emociona. Se oponen, pero establecen diálogo y, aunque no están de acuerdo en los conceptos, se respetan, se admiran y discuten. Los hombres de bien se respetan y dialogan.
XL. ¿Ve usted muchos hombres de bien entre nuestros políticos, en las tertulias...?
J.M.F. Exacto, ése es el problema. En el teatro puede haber más de 700 espectadores que vienen a escuchar y que se mandan callar unos a otros cuando alguno tose un poco. Esa atención y tensión se nota mucho y se contagia, es lo que nos mantiene a nosotros totalmente concentrados en el diálogo. En los debates políticos y en las tertulias de televisión, para que se dejen hablar, les cortan el micrófono y, a pesar de ello, se interrumpen unos a otros.
XL. ¿Falta higiene política?
J.M.F. Todo cuanto escucho y veo últimamente me parece tan sorprendente que para qué añadir más. Yo me quedo con la boca abierta y más que sorprendido.
XL. Boadella dijo en su día que era usted un marciano o un venido de Kripton, ¿mantendría ahora con él una charla inteligente?
J.M.F. No creo, no he mantenido nunca nada con él.
XL. Dice que ha aprendido, ante el insulto, a no darse por enterado.
J.M.F. Es que no vale la pena perder el tiempo contestando a un insulto, es aburrido. Que se lave la boca el que haya proferido un insulto.
XL. ¿No se cansa de decir que regresará a París la próxima temporada?
J.M.F. Llevo diciéndolo 25 años y cada día echo de menos París, pero sigo en Madrid.
XL. Acaba de cumplir 70 años. A esa edad hay quien se consuela creyendo que los 70 de ahora son los 60 de antes.
J.M.F. Yo no me encuentro cambiado por haber cumplido 70 años. Momentos de reflexión los tengo a menudo. La edad marca, ya no corro como corría, pero no es que yo sea particular...
XL. Un poco sí, ¿no?
J.M.F. Bueno [sonríe], digamos que soy muy especial. Cualquiera que hace el oficio de actor tiene un privilegio extraordinario de entrar en el universo de un poeta –si hacemos grandes textos– que te nutre, te aporta y te alimenta intelectual y humanamente. Todo esto te provoca un replanteamiento de muchas cosas. Cuando actúas, con cada personaje te replanteas cosas tuyas para acercarte a entender mejor algo. Yo crezco con el teatro, no cumpliendo años.
XL. De mayor quiere seguir siendo como es hoy José María Flotats.
J.M.F. No, no, no; de mayor quiero ser una persona madura, inteligente... Me gustaría corregir `muuuuchas´ cosas.
XL. Al final, ¿cree que salvará su alma?
J.M.F. No sé si estoy salvado o condenado, digamos que no tengo conciencia de haber cometido barbaridades que exijan un juicio [se ríe]. Me molesta pensar que yo no debería tener que rendir cuentas graves porque pienso que, entonces, la gente mala que merecería castigo no lo tendría y eso me aterra; eso sí que me pone de mal humor.
XL. Ha dicho: «Cuando vuelva a nacer, seré músico», sepa que no le vamos a dejar.
J.M.F. Es que me apasiona ser director de orquesta, pero muchas gracias.
PRIVADÍSIMO
Dos hombres y un destino... ¡metodológico!
La Tribuna de Ciudad Real, 10-Julio-2009
XXXII festival de almagro
Duelo de titanes entre Josep María Flotats y Albert Triola
‘El encuentro de Descartes con Pascal joven’ recorre las grandes precupaciones de los dos grandes filósofos del siglo XVII en una época oscura donde impera la censura.
En pleno siglo XVII, marcado por el absolutismo político y el advenimiento del despotismo ilustrado, junto al enorme poder que ostenta la Iglesia, dos mentes brillantes se encuentran para hablar de sus investigaciones y reflexionar sobre diferentes aspectos sociales y religiosos de forma libre a contracorriente de una época, en la que la Inquisición ha condenado a Galileo por adherirse y defender la teoría heliocéntrica de Colérico, sacando al hombre del centro del Universo. Se trata de El encuentro de Descartes con Pascal joven, un espectáculo basado en el texto del gran dramaturgo Jean-Claude Brisiville que dirige e interpreta Josep María Flotats, junto a Albert Triola, que se puede ver en el Municipal hasta el próximo sábado, a las 22.45 horas, en el marco del XXXII Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro.La propuesta recrea la reunión mantenida entre los dos grandes filósofos del siglo XVII en el convento parisino de los Mínimos, el 24 de septiembre de 1647 de la que ninguno dejó constancia por escrito, pero que ha imaginado Brisville de forma magistral y que traslada al público de igual manera gracias a la magnífica interpretación de Flotats y Triola. En dicho encuentro, el filósofo racionalista tiene 51 años y ya ha publicado su obra maestra El discurso del método, mientras Pascal, con apenas 24 años, está considerado uno de los grandes genios por sus descubrimientos, entre los que destaca la máquina aritmética, precursora de los ordenadores actuales, un joven científico que a pesar de sus éxitos se encuentra atormentando por la búsqueda de lo Absoluto que no encuentra en las ciencias.
La reunión comienza con una reflexión sobre la apariencia y la fama y la necesidad de vivir «pensando desapercibidamente», y desde el mismo inicio da lugar una imparable lucha dialéctica entre dos posturas de entender la vida y el mundo. Por un lado, Descartes elogia la razón y la inteligencia humana, donde para él reside la libertad, mientras Pascal sufre una profunda agonía porque cuanto más avanza en sus conocimientos más se aleja de Dios y todos los intentos de progreso le parecen insignificantes, causa de la decisión de abandonar sus investigaciones, porque lo único que le preocupa «es volver al centro, a la verdad» para encontrar en sí algo que no puede hallar en el mundo exterior, porque por muy perfectas que sean las matemáticas «el infinito no se puede encontrar en los números».
Dos posturas totalmente enfrentadas en una conversación sin tregua. Cada uno se mantiene en su posición, que defenderá a ultranza aunque se hagan ciertas concesiones.
Dos visiones divergentes cuya explicación también hay que buscar en la experiencia vital de cada uno de estos filósofos, porque mientras uno vive en la ciudad más progresista de Europa, Amsterdam, y disfruta de forma saludable de los pequeños placeres de la vida, el otro vive en un París asfixiante con una salud muy delicada, lo que le hace aferrarse al mayor símbolo del dolor humano y de la salvación, Jesucristo.
El Día de Ciudad Real, 8-Julio-2009

| FESTIVAL DE ALMAGRO - |
| El Teatro Municipal acoge la obra El encuentro de Descartes con Pascal joven |
Un encuentro en la cumbre con Flotats como defensor racional |
| HOY. OTRAS LOCALIDADES |
El encuentro de descartes y pascal joven Uno de los platos fuertes de esta XXXII edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro se estrenaba la noche del pasado lunes en el Teatro Municipal con dos claros protagonistas; Josep María Flotats y su particular obra El encuentro de Descartes con Pascal joven. Un texto escrito por el dramaturgo francés Jean-Claude Brisville hace ahora algo más de 15 años y en el que se inventa, y al mismo tiempo se imagina, lo que 24 de septiembre de 1647 los filósofos René Descartes y Blaise Pascal se dijeron en un encuentro mantenido en el convento parisino de los Mínimos, del cuál no trascendió nada. En ese contexto y con un trasfondo claramente filosófico se da vida a un espectáculo que invita a la reflexión y que provoca en el espectador una constante inquietud por conocer. Y es que desde luego ésta es una obra que no deja indiferente a nadie. De un lado, Descartes. Pragmático, racional y cartesiano, que mira desde la altura de su edad, 54 años, y con cierto distanciamiento, los temas que afectan directamente al ser humano. De otro, Pascal. Joven, enfermizo y defensor de la fe y la religión como verdadera salvación de todos los males y todos los problemas del mundo. La muerte y la enfermedad son las cuestiones que le preocupan, dejando a un lado la ciencia y la investigación. Y en ese duelo, en ese encuentro dialéctico-filosófico que ambos mantienen destaca un Flotats que supera cualquier expectativa planteada. Un duelo en la cumbre que Flotats hace suyo, y que trata de compartir con un público inmerso en una representación que apenas si supera la hora de duración y que encierra en sí pinceladas de humor que hacen que la conexión público-actor sea maravillosa. Y es que no todo es una pura reflexión filosófica sobre la vida y la muerte, lo racional y lo espiritual, el bien y el mal, también hay tiempo para los guiños, para despertar en el espectador una suave sonrisa o una pequeña carcajada. De igual forma cabe destacar el papel ejercido por Triola, quien eclipsado por Flotats, sabe sacar adelante el papel de un Pascal que ante todo y por encima de todo defiende (a capa y espada) sus pensamientos e ideales contrarios al del gran Descartes. En fin, un encuentro en la cumbre con un protagonista de excepción y dos formas de pensar totalmente contrapuestas. |
La Tribuna de Ciudad Real, 7-Julio-2009
XXXII festival de almagro
«Si Descartes y Pascal vivieran en esta sociedad se arrancarían los pelos»
Entrevista a Josep María Flotats
Para Josep María Flotats el teatro más que un trabajo es puro placer, es vocación, pasión y, como reconoce, su vida. Por ello, cada proyecto, cada función constituye una nueva ilusión para este veterano actor. Ahora está en Almagro, en el Municipal hasta el 11 de julio, con Albert Triola para dar vida a El encuentro entre Descartes y Pascal, una obra que dirige e interpreta y de la que habla de forma apasionada, mientras la luz de sus ojos ilumina su rostro.En los últimos años ha interpretado a personajes malísimos de la historia como Stalin o Tayllerand, y ahora llega con Descartes, ¿con cuál se queda?
Tayllerand más que malvado es perverso, brillante, y tan retorcido que llega a divertir. Es la quinta esencia de la diplomacia: decir todo lo contrario de lo que se piensa y hacer lo contrario a lo que dice (risas). Por su parte, Stalin es la encarnación del mal, mientras en Descartes he descubierto muchas cosas. Yo era muy pascaliano, le tengo un gran afecto y cariño a Pascal, era una persona muy inteligente, con un gran sentido del humor que, sin embargo, lo paso mal y eso me provoca una profunda ternura.
¿Cómo es ese Descartes que ha descubierto?
Desde la escuela te llevas la imagen de un Descartes un poco seco, sólo cerebro, un poco antipático, un poco rollo, pero después de trabajar la obra y leer un poco sobre sus escritos y correspondencia he descubierto a un ser humano sensible, con muchos problemas, perdió a su hijo, y todo eso me lo ha humanizado mucho, además del propio texto de Brisville, de ahí su gran acierto porque los convierte en personajes de carne y hueso.
Por tanto, ¿siente por Descartes más afinidad que por los anteriores personajes históricos que ha representado?
Sí, le tengo simpatía, es como un abuelo estupendo. Además encuentro no sólo afinidad con él, en algunas ocasiones me digo en torno a las réplicas que realizó sobre el escenario: ¡ojalá hubiera dicho yo eso!, es ese desdoblamiento de los actores, (risas), pero sobre todo siento admiración.
‘El encuentro’ tiene la misma estructura que ‘La cena’, con dos personajes históricos que se reúnen en un momento determinado…
Sí, más o menos. Aquí solo hay dos personajes: Descartes y Pascal. Es por ello una puesta en escena más humilde, más austera. Están en un primer plano cinematográfico casi constante, y todo lo que dicen tiene un contenido, que es un pensamiento, pero esos pensamientos no los dicen como churros. Por eso ha sido tan importante el proceso de preparación de los diálogos con Albert, ocho meses: hay que ver, pensar y decir. Trabajamos como si fuera una partitura musical, con los tempos, el movimiento, el ritmo…El texto es bellísimo, pero teníamos que dotarlo de forma, de musicalidad.
Decía antes que el gran acierto de Brisville es convertir a estos grandes personajes en hombres de carne y hueso, ¿es por ello que, a pesar de su complejidad y del alto nivel del lenguaje, se trate de un texto accesible a todos los públicos?
Sí, porque no son personajes alejados sino cercanos, es como un padre y su hijo, o un abuelo y su nieto. Ha habido personas que han venido a ver el espectáculo y me han comentado al final de la función lo felices que se sienten al poder haber visto una conversación entre dos genios, que han entendido (risas). Ésa es la genialidad del texto.
Un encuentro entre dos personajes tan diferentes que más que un diálogo es una confrontación constante de ideas, por lo que más bien se trata de un juego dialéctico, precisamente por lo que aboga Descartes, por tanto, ¿en esa lucha dialéctica llegan a alguna verdad?
Cabe destacar que nunca hay una confrontación furiosa, y cada uno descubre su verdad, pero entre ellos siempre hay un pero, se rebaten sus argumentos, por lo que al mismo tiempo no son capaces de convencerse uno al otro. Es muy estremecedor porque, a pesar de pensar de forma diferente, se siguen admirando. Es casi un desencuentro amoroso, y tiene mucho que ver con un concepto moderno de respeto, tolerancia.
Por tanto, ¿es una obra que invita fundamentalmente a reflexionar?
Abre puertas, puertas al conocimiento, pero no da resultados matemáticos. (risas)
Durante la conversación en aquel convento de los Mínimos en 1647 hablan de muchas cosas, política, poder, iglesia, ciencia de las que aún hoy en día hablamos...
Son dos mentes brillantes, viviendo en una época de censura. Eran pensadores, encorsetados en esa época. Ambos están al margen de la sociedad, son políticamente incorrectos. Por ello Descartes vive en Ámsterdam, en la ciudad más progresista de Europa en aquel momento, para pensar, más no pasar, desapercibidamente, mientras Pascal está inmerso en una crisis mística y se convierte al jansenismo, en contra de la relación de la iglesia y el poder. En definitiva, intercambian en su encuentro problemáticas que pueden ser actuales, como el tema de la censura, que hoy ha cambiado de forma pero sigue ahí. Seguimos con los mismos vicios.
¿Qué pensarían ambos de nuestra sociedad si estuvieran aquí?
Se arrancarían los pelos, (risas), o quizá hubieran deseado estar aquí al menos para decir lo que pensaban, que sigue siendo vigente.
En un momento de crisis como el que nos encontramos, el teatro vive un momento muy dulce, ¿a qué cree que se debe?
Tengo dos teorías, o la gente quiere vivir el presente sin pensar demasiado en el futuro, o hay que dar gracias a la TV de ser tan mala que hace huir a la gente de su casa (risas). La gente necesita el contacto directo, ver un espectáculo en vivo . No hay nada comparable a ver una obra de teatro bien pensada e interpretada.
El teatro en una palabra...
Mi vida y mi pasión.
Agencia Efe, 6-Julio-2009
El actor y director escénico Josep María Flotats ha asegurado que la obra 'El encuentro entre Descartes y Pascal joven' es un texto "brillante, emocionante y profundo", apto para todos los públicos a pesar de estar basado en dos grandes filósofos.
Flotats ha presentado el espectáculo que se exhibirá en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro hasta el próximo día 12.
El actor ha explicado que, a pesar del título, la propuesta escénica "llega a todo el mundo" y, además, de "entretener", ofrece la posibilidad de conocer de manera sencilla algunos aspectos básicos del pensamiento de dos grandes filósofos, como son Descartes y Pascal.
"Al terminar el espectáculo, muchas personas se acercan a comentarme que se sienten más inteligentes, más felices; de hecho, una espectadora me comentó que había subido un peldaño más hacia el 'homo sapiens'", ha indicado Josep María Flotats, quien ha recordado también que en ella se habla "de política, religión y, por supuesto, de ciencia".
En este sentido, el director de escena, quien en el año 2003 recibió el Premio Corral de Comedias de Almagro, ha atribuido el éxito del montaje al texto de Jean-Claude Brisville, autor también del de 'La cena', otro de los grandes éxitos de Flotats.
Para el también productor del espectáculo, Brisville retrata a dos intelectuales "encorsetados" por su tiempo, que se enzarzan en un diálogo donde ambos ponen sobre la mesa sus principales inquietudes.
"Esos dos hombres, marginados a nivel de pensamiento, mantienen un diálogo de altísimo nivel", ha señalado Flotats, quien ha subrayado la buena labor de la traducción de Mauro Armiño.
Flotats, quien da vida a Descartes en esta propuesta escénica, ha recordado que el encuentro entre Descartes y Pascal se produjo realmente, aunque no quedan referencias escritas de qué sucedió durante las cinco horas de reunión que mantuvieron en el Convento de los Mínimos de París en el año 1647.
Madriddiario, Este de Madrid,ABC, ADN, Diario digital del Henares, 1-julio-2009
Con esta edición, 'Clásicos en Alcalá' se ha consolidado como un festival de teatro clásico, situándose como uno de los mejores de su género, a falta de un año para celebrar su décimo aniversario. Momento para el que se están preparando sensibles novedades. El gran aporte artístico de esta edición ha sido el estreno absoluto del espectáculo 'Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo', dirigido por Laila Ripoll y Mariano Llorente, e interpretado por la compañía Micomicón,
Este montaje, que en verano será uno de los platos fuertes del Festival de
Almagro, fue un encargo del Clásicos de Alcalá 2009 para conmemorar la
obra 'Arte nuevo de escribir comedias', de Lope de Vega, de cuya primera
publicación se cumplen ahora los cuatrocientos años y con la que el genial
escritor renovó la dramaturgia del siglo de Oro. Otros aspectos destacables de esta novena edición han sido el texto y la actuación de Flotats en El encuentro de Descartes con Pascal Joven; la interpretación del australiano Antón
Skrzypiciel en Burgher King Lear; la puesta en escena del Don Juan, amarga memoria de mí, de la compañía Pelmànec, y los montajes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico o de Teatres de la Generalitat.
Los estrenos absolutos de espectáculos sobre obras de Shakespeare (Sueño de una noche de verano) y Cervantes (Vidriera/Monipodio) dirigidos por Helena Pimenta y Pepe Ortega, respectivamente, han sido también dos joyas del Festival. Y otro de los grandes detalles ha sido disfrutar, una vez más, de la extraordinaria voz de Paco Ibáñez en su recital de poesías españolas de todos los siglos.
Asimismo, otro de los grandes aciertos del festival ha sido la celebración de dos grandes espectáculos en el Patio de Santo Tomás de Villanueva, en la Universidad Cisneriana (Fuenteovejuna, de la Compañía Antonio Gades, y Beethoven, del Ballet Víctor Ullate de la Comunidad de Madrid), así como las exposiciones de Dalí y de los Títeres de Taraneya, que han centrado la expectación del público en la Casa de la Entrevista y Santa María La Rica, respectivamente.
En total, la programación de Clásicos en Alcalá 2009 ha estado compuesta
por 25 espectáculos, dos exposiciones y un taller para niños, que se han desarrollado en el Teatro Salón Cervantes, el Corral de Comedias, los patios de Santo Tomás y del Colegio del Rey, la Casa de la Entrevista, el Teatro de la Galera y el Antiguo Hospital de Santa María la Rica, así como en distintas calles y plazas del casco histórico de la ciudad.
Tribuna de Salamanca, 25-Junio-2009
Hacer una obra de teatro sobre teorías racionalistas hubiera dejado el teatro Caja Duero vacío: porque el intelectualismo espanta a las masas tanto como el espejo en el que se miran. Por tanto, nada mejor que rebajar a los genios a los grandes conceptos. Josep María Flotats (es decir, Descartes) y Albert Triola (Pascal) se enzarzan en una discusión, una larga conversación que recuerda mucho al teatro de tintes clásicos, vestimenta incluida, y donde lo que importa es la palabra y no la parafernalia.
Teatro clásico
Para los que quieran ver la segunda y última sesión hoy en el Caja Duero (también a las 20.30 horas), más les vale no hacerse ilusiones “de Festival”, sino más bien recibir una dosis de argumentación y profundidad. Flotats es un actor como la copa de un pino, al 100% o a medio gas.
Triola da vida a un Pascal sumido en una profunda depresión que le hace ver los fallos ajenos y no los suyos mismos; frente a él, un perro viejo (el actor y el filósofo) que ya ha cimentado su gran teoría racionalista del Discurso del método y que ya está más que escarmentado de lo bueno y lo malo, de sus fallos, de sus aciertos, y sobre todo, que no para de polemizar sobre todo, censura incluida.
Detrás uno de los gigantes de las tablas españolas: Flotats va a lo suyo y es todo un regalo verle actuar y hablar, dar vida a uno de los mitos del saber occidental y que creó toda una forma de ver el mundo. Racionalismo vs misticismo, esto es, Descartes contra Pascal, senectud y juventud, tablas de dos actores a dos niveles.
La obra ha arrastrado un gran éxito allí por donde pasó, una modalidad de conversación teatralizada que ya explotó a fondo con ‘La cena’ (aquí fue la política el momento cumbre) y que igual que El encuentro o el Marat-Sade se convierten en piedras de toque del discurso intelectual en un panorama teatral que cada día tiende más a romper cristales por el mero hecho del ruido, que no del mensaje. Quizás por eso es bueno que existan obras de teatro como las que hace Flotats, con la palabra justa.
Tribuna de Salamanca, 24-Junio-2009
Los actores y los poetas, que a veces hasta adelantan el futuro. Eso sí, sobre el escenario”, se defiende el actor que lo interpreta. Josep María Flotats es uno de los pocos actores españoles de teatro que no necesita presentación. Le avala una vida entera sobre las tablas. Ha sido Don Juan Tenorio, el Quijote o Stalin. Hoy y mañana, en Salamanca, será René Descartes. El teatro de Caja Duero acogerá, a las 20.30 horas, la obra El encuentro de Descartes con Pascal joven, que narra el encuentro que entre los dos genios se produjo el 24 de septiembre de 1647. Flotats en estado puro.
“Descartes es muy atractivo, por su lucidez y su distanciamiento con las pasiones. Es un personaje que uno prepara como siempre, leyendo y documentándose, pero también con especial dedicación”, afirma el barcelonés, que se mete en la piel del francés después de haberlo hecho en la de Stalin. “Ésa máscara fue fácil de quitar. En el mismo camerino dejaba de ser él después de cada actuación. No es fácil convivir con un monstruo así”, asegura, consciente de su capacidad para encarnar con la máxima veracidad a los personajes más dispares.
Sobre la obra de esta noche, tiene claro que “Descartes y Pascal son dos genios, dos luces muy potentes, las dos cabezas más importantes de su era. Se encuentran y lo que pasa es algo sorprendente. No hablan de tratados filosóficos, sino de familia, sentimientos, vida, religión, censura… de sus convicciones sobre la vida.”. Un trabajo de recreación, la obra, de la que Flotats quiere restarse méritos: “el éxito de esta obra popular se produce gracias al talento del dramaturgo Jean-Claude Brisville y de la traducción de Mauro Armiño. Los temas que se abordan son los que nos interesan a todos, los que hablan de todos nosotros. No hace falta ningún nivel para entender todo lo que se dice sobre el escenario”. Sencillez, pero no simpleza. Si el encuentro se produjera hoy, cuatro siglos después, las constantes emocionales de las dos luminarias serían las mismas: “Descartes le confiesa a Pascal que lleva cuatro años trabajando en la teoría de Copérnico, pero que, cuando descubre lo que le ocurrió a Galileo, no lo publica. Y ése es el embrión de la teoría de la relatividad. Da que pensar dónde estaría la Humanidad si la censura nunca hubiera existido”.
Flotats hace honor a una tradición oral con la que el teatro entronca. Flotats cree en la palabra. “Recomiendo al público que venga con ganas de escuchar. Todos nos dicen después de la obra que se les ha hecho corta, que quieren más. Y sonríen mucho. Descartes y Pascal dialogan, y eso es algo que hemos perdido. Silencio, se habla, leí en un artículo que me gustó hace poco. Hoy los conceptos de sociedad son muy distintos a los de el Siglo XVII, pero ellos son dos hombres de bien que están hablando. Eso es lo que importa”.
Descartes, perdón, Flotats, ha vadeado entre Francia y España a lo largo de su trayectoria profesional, lo que le ha dado una estimable perspectiva de ambas escenas. “En los últimos 15 años, España es equiparable a Francia en la forma de entender y practicar el teatro. Todavía hay cosas que mejorar, pero es que España todavía arrastra los 40 años de parón que sufrió. Claro que una democracia no se improvisa, no son lo mismo 150 años que 30”. A pesar de todo, no se atreve con un pronóstico: “Yo soy un pesimista. Activo, pero pesimista”.
El intérprete sabe que llega a una ciudad en la que se presta especial atención al debate sobre la gestión cultural. En 1995, fue nombrado por Real Decreto Fundador y Primer Director del Teatro Nacional de Cataluña. “A mí los modelos que me han formado son los que he vivido en Francia, la formación de las compañías y los teatros nacionales. Creo que esa es una forma de entender el teatro, pero cada uno sabrá”, afirma. Dudas razonables, racionales. Descartianas. Interpreto, luego existo.
Tribuna de Salamanca, 22-Junio-2009
Caja Duero trae, los días 24 y 25, ‘El encuentro de Descartes con Pascal joven’, mientras que el Festival CALÉ cierra eventos en Fonseca. La maratón de la noche del sábado 27, la oferta de más volumen
Esta cita tiene dentro de la programación, el espectáculo del Nuevo Ballet Español, Sangre, con la coreografía y dirección artística del dúo Rojas & Rodríguez, que aúna modernidad y tradición flamenca a partes iguales. Una forma más avanzada de ver la fusión de los ritmos de siempre en la danza española que mezcla los palos flamencos (bulerías, tangos, zapateado, jaleos o martinetes) con otro tipo de coreografías. Y es que hay mucho flamenco en la semana, con el FestivalCALÉ en su segunda parte el viernes 26 y también el sábado: primero con Fuensanta La Moneta a las 22.30 el viernes en el Claustro de Fonseca y Lo que trae el aire, y segundo, el sábado con Diego Carrasco (misma hora, mismo lugar) con En familia.
El gran teatro con Flotats
Otra cumbre todavía más grande es El encuentro de Descartes con Pascal Joven, producción de Josep María Flotats que se une a Albert Triola para representar un debate filosófico y espiritual como pocos en la historia, una de las obras más esperadas (teatro Caja Duero) en dos sesiones, el miércoles 24 y el jueves, ambas a las 20.30 horas a 10 y 20 € la entrada). Y una recomendación del propio Flotats: “El espectador saldrá del teatro más feliz, relajado y, probablemente, más inteligente”.
Aparte queda lo que se escapa a esos eventos: hoy lunes, a las 20.00 horas, en el CAEM (10 euros la entrada), aparece la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música de Salamanca con obras de Ravel y Stravinsky, un programa más contemporáneo para mostrar el talento de la gran academia local. Mañana, la penúltima entrega del ciclo de Cine Brasileño de la Filmoteca de Castilla y León en el teatro Liceo (20.15 horas, 1,20 euros la entrada), ‘Radio Favela’, película de 2002 de Helvécio Ratton.
Por último, SalaMarte regresa con Salaslam Session, en la plaza del Liceo a las 20.00 h., con el poeta y escritor Gonzalo Escarpa. Será la última semana de junio y el final de una carrera para ver qué depara el desierto veraniego.
Salamanca24horas.com, 21-Junio-2009
Teatro con José María Flotats el 24 y 25 de junioEn la sala de Caja Duero dentro de la programación de su Obra Social
El teatro de Caja Duero acogerá los próximos 24 y 25 de junio, a las 20:30 horas, la obra de teatro 'El encuentro de Descartes con Pascal joven', dirigida y protagonizada por Josep María Flotats, que organiza la Obra Social de entidad financiera salmantina.
Únicamente se vieron una vez en la vida Pascal y Descartes, los dos filósofos más grandes de su época. De lo que pudieran hablar o hacer en dicha reunión del 24 de septiembre de 1647 nadie lo sabe, pero da pie al dramaturgo Jean-Claude Brisville a la imaginación de lo que ocurrió en dicha reunión entre los dos grandes pensadores.
Indagando en las gran cantidad de correspondencia que dejaron ambos, Brisville ofrece un excelente texto con los posibles diálogos entre ambos, dominados por el humor y la ironía, realizando un estudio detallado en la forma, ritmo, y expresiones de su actuar, creando dichos diálogos entre las dos figuras de pensamientos opuestos, pero que a su vez se admiraban mutuamente.
Ello llevará al espectador a admirar el cuidado en el hincapié sobre la musicalidad, ritmo y fuerza de sus palabras y de sus contenidos, haciéndonos a cada uno sentirnos más inteligentes y humanos.
Una comedia inteligente, en la cual Josep-María Flotats y Albert Triola, representarán y expresarán el pensamiento y actuar de estos dos grandes genios Universales de todos los tiempos.
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