La Tribuna de Ciudad Real, 7-Julio-2009


XXXII festival de almagro

«Si Descartes y Pascal vivieran en esta sociedad se arrancarían los pelos»

Entrevista a Josep María Flotats

Para Josep María Flotats el teatro más que un trabajo es puro placer, es vocación, pasión y, como reconoce, su vida. Por ello, cada proyecto, cada función constituye una nueva ilusión para este veterano actor. Ahora está en Almagro, en el Municipal hasta el 11 de julio, con Albert Triola para dar vida a El encuentro entre Descartes y Pascal, una obra que dirige e interpreta y de la que habla de forma apasionada, mientras la luz de sus ojos ilumina su rostro.
En los últimos años ha interpretado a personajes malísimos de la historia como Stalin o Tayllerand, y ahora llega con Descartes, ¿con cuál se queda?
Tayllerand más que malvado es perverso, brillante, y tan retorcido que llega a divertir. Es la quinta esencia de la diplomacia: decir todo lo contrario de lo que se piensa y hacer lo contrario a lo que dice (risas). Por su parte, Stalin es la encarnación del mal, mientras en Descartes he descubierto muchas cosas. Yo era muy pascaliano, le tengo un gran afecto y cariño a Pascal, era una persona muy inteligente, con un gran sentido del humor que, sin embargo, lo paso mal y eso me provoca una profunda ternura.

¿Cómo es ese Descartes que ha descubierto?
Desde la escuela te llevas la imagen de un Descartes un poco seco, sólo cerebro, un poco antipático, un poco rollo, pero después de trabajar la obra y leer un poco sobre sus escritos y correspondencia he descubierto a un ser humano sensible, con muchos problemas, perdió a su hijo, y todo eso me lo ha humanizado mucho, además del propio texto de Brisville, de ahí su gran acierto porque los convierte en personajes de carne y hueso.

Por tanto, ¿siente por Descartes más afinidad que por los anteriores personajes históricos que ha representado?
Sí, le tengo simpatía, es como un abuelo estupendo. Además encuentro no sólo afinidad con él, en algunas ocasiones me digo en torno a las réplicas que realizó sobre el escenario: ¡ojalá hubiera dicho yo eso!, es ese desdoblamiento de los actores, (risas), pero sobre todo siento admiración.

‘El encuentro’ tiene la misma estructura que ‘La cena’, con dos personajes históricos que se reúnen en un momento determinado…
Sí, más o menos. Aquí solo hay dos personajes: Descartes y Pascal. Es por ello una puesta en escena más humilde, más austera. Están en un primer plano cinematográfico casi constante, y todo lo que dicen tiene un contenido, que es un pensamiento, pero esos pensamientos no los dicen como churros. Por eso ha sido tan importante el proceso de preparación de los diálogos con Albert, ocho meses: hay que ver, pensar y decir. Trabajamos como si fuera una partitura musical, con los tempos, el movimiento, el ritmo…El texto es bellísimo, pero teníamos que dotarlo de forma, de musicalidad.

Decía antes que el gran acierto de Brisville es convertir a estos grandes personajes en hombres de carne y hueso, ¿es por ello que, a pesar de su complejidad y del alto nivel del lenguaje, se trate de un texto accesible a todos los públicos?
Sí, porque no son personajes alejados sino cercanos, es como un padre y su hijo, o un abuelo y su nieto. Ha habido personas que han venido a ver el espectáculo y me han comentado al final de la función lo felices que se sienten al poder haber visto una conversación entre dos genios, que han entendido (risas). Ésa es la genialidad del texto.

Un encuentro entre dos personajes tan diferentes que más que un diálogo es una confrontación constante de ideas, por lo que más bien se trata de un juego dialéctico, precisamente por lo que aboga Descartes, por tanto, ¿en esa lucha dialéctica llegan a alguna verdad?
Cabe destacar que nunca hay una confrontación furiosa, y cada uno descubre su verdad, pero entre ellos siempre hay un pero, se rebaten sus argumentos, por lo que al mismo tiempo no son capaces de convencerse uno al otro. Es muy estremecedor porque, a pesar de pensar de forma diferente, se siguen admirando. Es casi un desencuentro amoroso, y tiene mucho que ver con un concepto moderno de respeto, tolerancia.

Por tanto, ¿es una obra que invita fundamentalmente a reflexionar?
Abre puertas, puertas al conocimiento, pero no da resultados matemáticos. (risas)
Durante la conversación en aquel convento de los Mínimos en 1647 hablan de muchas cosas, política, poder, iglesia, ciencia de las que aún hoy en día hablamos...
Son dos mentes brillantes, viviendo en una época de censura. Eran pensadores, encorsetados en esa época. Ambos están al margen de la sociedad, son políticamente incorrectos. Por ello Descartes vive en Ámsterdam, en la ciudad más progresista de Europa en aquel momento, para pensar, más no pasar, desapercibidamente, mientras Pascal está inmerso en una crisis mística y se convierte al jansenismo, en contra de la relación de la iglesia y el poder. En definitiva, intercambian en su encuentro problemáticas que pueden ser actuales, como el tema de la censura, que hoy ha cambiado de forma pero sigue ahí. Seguimos con los mismos vicios.

¿Qué pensarían ambos de nuestra sociedad si estuvieran aquí?
Se arrancarían los pelos, (risas), o quizá hubieran deseado estar aquí al menos para decir lo que pensaban, que sigue siendo vigente.
En un momento de crisis como el que nos encontramos, el teatro vive un momento muy dulce, ¿a qué cree que se debe?
Tengo dos teorías, o la gente quiere vivir el presente sin pensar demasiado en el futuro, o hay que dar gracias a la TV de ser tan mala que hace huir a la gente de su casa (risas). La gente necesita el contacto directo, ver un espectáculo en vivo . No hay nada comparable a ver una obra de teatro bien pensada e interpretada.
El teatro en una palabra...
Mi vida y mi pasión.

1 comentario:

Carolus dijo...

No debería leer esto... Es retorcidamente maquiavélico. Entre, mire y ya me contará:
http://www.personal.able.es/cm.perez/Manual_y_espejo_de_cortesanos.pdf

Mas sobre estrategias, trucos psicológicos, seducción y mente en
http://www.personal.able.es/cm.perez/

Saludos